La pediatría es una especialidad de la medicina que requiere una comunicación muy cercana entre los padres y el médico, una paciencia especial para lograr el máximo de comunicación entre quienes depositan su confianza en el pediatra y éste. Debemos, dentro de lo posible intentar atraer al paciente para que la visita al médico no se transforme en un trauma sino en un esfuerzo que vale la pena hacer, logro que debemos intentar conseguir con paciencia, trato cordial, convencimiento y estímulos positivos que compensen el esfuerzo que el niño hace para venir a nuestra consulta.
La atención debe ser lo más personalizada posible, dedicándoles a cada paciente y sus padres el tiempo necesario, logro que se pierda cuando la presión de la medicina moderna reemplaza los valores humanos por un rendimiento y eficiencia malentendidos.
La experiencia personal y enriquecedora que significa una atención con dedicación a cada paciente, cercana, atenta y comprometida, permite una de las experiencias mas enriquecedoras para nuestro quehacer profesional, es el hecho de sentir más cercanos a nuestros pacientes, a desarrollar sentimientos de compromiso, sin dejar que la malentendida eficiencia moderna reemplace la calidez y cercanía de la comunicación entre nuestros pacientes y nosotros.
La atención de cada niño debe hacer sentir a sus padres que estamos realmente comprometidos con ellos, que nos preocupa realmente el devenir de su enfermedad, que pueden contar con nosotros en todo momento, que estamos para educarlos y apoyarlos en el cuidado de sus hijos e intentar prevenir y superar sus enfermedades.
No es perfección absoluta lo que podemos darles sino cercanía, apoyo, tiempo adecuado, disponibilidad, ser ubicables siempre que nos necesiten, y por sobre todo que sepan que intentamos hacer lo mejor posible, el desempeño de nuestra especialidad. Esperamos nos comuniquen por este medio sus dudas e inquietudes para iniciar un diálogo enriquecedor mediante las preguntas y mensajes que quieran hacernos llegar.
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